
A penas regresas del entierro de tu abuelo cuando te conmueve el recuerdo del viejito con el que poco compartiste y recorrés la sala viendo sus fotos, entrás a su cuarto y te fijás en su ropa, en sus cuadros, en el olor de aquel espacio y te llama la curiosidad a abrir las gavetas de su escritorio.
Encontrás dentro varios artículos curiosos, pero sin duda el que te llama la atención es el instrumento musical que ocupaba todo el tiempo libre del abuelo Nicolás. Es así como abrís el estuche de la dulzaina y te encontrás con el reluciente objeto y abajo una nota "Si te atreves, tócala... La primera siempre es gratis; las otras no, pero no las pagás tú". Sin prestar mucha atención al enigmático mensaje, empezás a tocar cinco minutos, una hora, cinco horas y así los días pasan y tu tiempo libre es invadido por el inquietante vicio de la dulzaina.
A los veinte días soñás con tu abuelo y te dice detrás del humo del tabaco que lo mató que a partir del día siguiente, cada día toqués la dulzaina una persona inocente va a morir en el mundo y te vas a dar cuenta. Haciendo poco caso al sueño, volvés a tocar el instrumento que ya es un vicio tuyo muy arraigado y en ese justo momento alguien choca en su carro contra el poste afuera de tu casa y se muere calcinado dentro de su carro tras una explosión casi inmediata. Inmediatamente te proponés no volver a tocar el instrumento, pero al día siguiente, el primero en abstinencia, te das cuenta de que si no tocás la dulzaina empezás a ver en blanco y negro, a escuchar solo sonidos graves, a perder el tacto, el gusto y el olfato se vuelve todo en fetidez. ¿Qué harías?

No hay comentarios:
Publicar un comentario