Esque de verdad es insoportable Filomena, Sebastián! Desde ese día en que después de la reunión te hizo comerte una docena de grapas por no haber usado la tipografía correcta en la presentación para el cliente te diste cuenta de que no era una buena jefa. Tus compañeros de otras áreas te lo habían tratado de hacer ver desde hace ratos: la vez que te hizo poner tu boca abierta como mordiendo la acera en el parqueo de la oficina y te amenazó con darte una patada en la cabeza desde atrás si no le dabas la clave de tus redes sociales, la vez que te hizo un wedgie mientras conectabas el proyector en la sala de conferencias o la semana pasada que te obligó a regalarle a su hija tu gata de 2 meses porque la niña le hizo capricho. Poco le importó que la gata fue lo último que tus padres te regalaron antes del accidente en el elevador defectuoso en que murieron hace unos meses. Ha sido suficiente, vas a su oficina determinado a renunciar y, de manera muy educada y sumisa, te excusás diciendo que sentís que ya no podés trabajar con ella y que estás poniendo la renuncia. Ella cierra la puerta, te sirve una copa de vino y te pide disculpas, llora, te abraza, te convence de no renunciar y hasta te sirve unos deliciosos bocadillos de quesos y carne que tenía en su oficina. Finalmente te convence y le decís que está bien, no vas a renunciar y vas a seguir trabajando con ella. En ese momento ella tiene que atender una llamada y se distrae, lo cual te permite ver al fondo de su oficina a tu gata Ursula rostizada, con su peculiar collar aun en las carnes del animal rostizado que te sirvió de boca con el vino y el queso. Qué harías?
jueves, 25 de julio de 2013
Mish, mish
Esque de verdad es insoportable Filomena, Sebastián! Desde ese día en que después de la reunión te hizo comerte una docena de grapas por no haber usado la tipografía correcta en la presentación para el cliente te diste cuenta de que no era una buena jefa. Tus compañeros de otras áreas te lo habían tratado de hacer ver desde hace ratos: la vez que te hizo poner tu boca abierta como mordiendo la acera en el parqueo de la oficina y te amenazó con darte una patada en la cabeza desde atrás si no le dabas la clave de tus redes sociales, la vez que te hizo un wedgie mientras conectabas el proyector en la sala de conferencias o la semana pasada que te obligó a regalarle a su hija tu gata de 2 meses porque la niña le hizo capricho. Poco le importó que la gata fue lo último que tus padres te regalaron antes del accidente en el elevador defectuoso en que murieron hace unos meses. Ha sido suficiente, vas a su oficina determinado a renunciar y, de manera muy educada y sumisa, te excusás diciendo que sentís que ya no podés trabajar con ella y que estás poniendo la renuncia. Ella cierra la puerta, te sirve una copa de vino y te pide disculpas, llora, te abraza, te convence de no renunciar y hasta te sirve unos deliciosos bocadillos de quesos y carne que tenía en su oficina. Finalmente te convence y le decís que está bien, no vas a renunciar y vas a seguir trabajando con ella. En ese momento ella tiene que atender una llamada y se distrae, lo cual te permite ver al fondo de su oficina a tu gata Ursula rostizada, con su peculiar collar aun en las carnes del animal rostizado que te sirvió de boca con el vino y el queso. Qué harías?
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De las menos bizarras que has escrito. Pero me cague de la risa
ResponderEliminarJajaja, me alegra =) Las musas han estado algo perezosas, pero voy a tratar de darles red bull
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